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Una mirada desde el sector empresarial.

2019-12-05

El proceso de integración regional propuesto por el CIT, ha facilitado que el sector empresarial visualice logros significativos en entender la sinergia de los actores públicos, para nuestro caso las entidades territoriales incluyendo Bogotá y sus municipios del primer anillo circundante, frente a los temas tractores que nos interesan en el territorio, tales como la revisión y ajuste de los POT, considerando el POMCA, la gestión integrada de riesgos y acatar la sentencia de acción popular del Río Bogotá.  No ha sido fácil, pero en la medida de las posibilidades, tanto actores públicos como privados, están haciendo la tarea.  Se quisiera mayor dinamismo, pero la complejidad y la variedad de temas no lo hace fácil entre tantos actores.

 

Desde el sector privado, también se ha visto la integración a dichos programas en temas de movilidad, seguridad, generación de empleo, recreación y puesta en marcha de los planes de gobierno, con énfasis en los temas sociales.  En igual sentido, no podemos dejar de lado, las capacitaciones sobre Espacio público, aplicación del Código Nacional de Policía y Convivencia, seguridad vial, por mencionar algunos resultados que han facilitado el entender cómo aplicar racionalmente las normas.  Los estudios generados y las prácticas en los municipios han ayudado a que se apropie dicho conocimiento por parte de los ciudadanos sin diferenciar su actividad en este territorio.

 

Esto se ha concretado con base en el diálogo, el interés de conversar en las mesas sectoriales y regionales y desarrollar talleres con los involucrados, que como en mi caso he tenido la fortuna de participar como representante del sector productivo, acogiendo el llamado de la Secretaría Técnica del CIT, que con su dinamismo y deseo de concretar las propuestas formuladas por los alcaldes y demás integrantes, facilitan que se genere conocimiento y que se aplique a las estrategias para que el CIT avance.

 

Ahora bien, frente a la visión en el corto y mediano plazo, es imperativo que los nuevos mandatarios recientemente elegidos, definan cómo se van a involucrar activamente, realineando sus planes de gobierno con las demandas de la ciudadanía que representan y que proponen llevar a cabo.  Proponer una agenda de innovación abierta, transversal y colaborativa; entender e integrar la especialización inteligente del territorio, compartir experiencias significativas: políticas, instrumentos, y programas. 

 

En el mediano plazo, veo el CIT como el ágora o espacio permanente de discusión y gestión de un modelo de anticipación al futuro, donde se genera investigación y desarrollo tecnológico que sea referente para el departamento de Cundinamarca y en el largo plazo para el país. 

 

 

Los retos son ámbitos de oportunidad, que pueden llevarse a cabo con la transformación digital (ciberseguridad y confianza, sensórica, internet de las cosas, robótica)  como continente de la movilidad sostenible, de los ecosistemas urbanos (nuevos materiales, construcciones sostenibles, planificación y urbanismo), de la transición energética eficiente (descarbonización y generación distribuida), de la salud y el bienestar (alimentación saludable, biomateriales, medicina robótica, ingeniería neuronal) y de la fabricación avanzada en la industria (diseño y digitalización, economía creativa, tecnología), que define la competitividad de la misma por su alto valor agregado y que se traduce en el mayor PIB de Colombia, adaptado al cambio climático.

 

En este escenario posible que algunas empresas ya han adelantado, el papel del sector empresarial es el de aliarse con las instituciones educativas, centros de investigación y organizaciones de la sociedad civil, para que busquen soluciones novedosas basadas en investigación, que mejoren sus procesos productivos, que incorporen nuevos materiales, que formen en nuevas competencias de mercadeo producto del extensionismo tecnológico, que se avance en contar con patentes y propiedad intelectual en esta productividad sostenible y donde las personas vinculadas desarrollen sus mejores habilidades y competencias para integrar todo el saber hacer y sumen al logro de dichas apuestas productivas, que hagan de sus talentos tecnología replicable y exportable.

 

Como ejemplos, traigo a colación los que ya se están desarrollando en Europa: transporte autónomo e interactivo aplicado a nuestra cotidianidad, ingredientes y alimentos que reduzcan el consumo de azúcares, fabricación aditiva aplicada a la construcción (impresión 3D con materiales naturales, biodegradables y reciclables), transformación de edificios en generadores energéticos para si mismos o para la red interconectada.

 

Finalmente, el compromiso del sector empresarial en los proyectos estratégicos de escala regional es colaborar en la construcción de una región competitiva e innovadora que se traduzca en crecimiento económico, generando este ecosistema con empleos cualificados, dignos, a largo plazo; patentando sus desarrollos y aportando capital de riesgo en alianza con el sector público, porque si queremos prosperidad, debemos proponer soluciones, que serán nuevos retos que generarán nuevos problemas pero que producirán más innovaciones.  Esta forma sistemática de generar innovaciones nos obliga a progresar y a tener como fuente principal de soluciones complejas y sofisticadas, la investigación y el desarrollo tecnológico.  A mi modo de ver, es lo que Ricardo Hausmann llama la búsqueda de transformaciones factibles, donde el acento está en el cambio tecnológico y no en la especialización en lo que se destaca.  Al final, evolucionar en lo que somos buenos.

Walter Ocampo  - Director Ejecutivo Asomuña

 

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